Museo Reverte Coma

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Indios guaimíes del río Cricamola

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La enfermedad. El Sukia o Donkin. Terapéutica.

En íntima relación con sus creencias religiosas y supersticiones está el concepto de enfermedad (bren) causada por la acción maligna del diablo, así como la intervención de la persona dotada de poderes especiales desde el nacimiento (sukia o donkin) quien es capaz de convocar al demonio y dominarle muchas veces.

El sukia a quien los indios del Río Cricamola llaman en su lengua donkin es un individuo a quien desde el nacimiento se le aprecian ciertos signos por los cuales se sabe que tiene el poder congénito para llegar a dominar las fuerzas sobrenaturales.

Es equivalente al Nele cuna, al jaybaná chocó o al chamán siberiano y central asiático o suramericano.

Desde pequeño se le somete a un entrenamiento intensivo al lado de un maestro que le irá revelando todos los secretos del arte.

La selección del chamán y su temprano entrenamiento producen en él ciertas alteraciones del carácter, que sigo pensando son secundarias y no primarias, de tal manera que suele tratarse de individuos malhumorados, irritables, y que suelen vivir aisladas en lugares de difícil acceso, no queriendo tratar con gentes que no son de su raza.

Llegan a ser temidos por la comunidad, y no suelen asistir a las fiestas ni bullicios propios de sus gentes, no siendo su compañía muy apreciada por los mismos guaymíes que recurren a ellos solamente cuando no les queda otro remedio en los momentos en que es necesario neutralizar las fuerzas demoniacas, ya que les sukias, lo mismo que son capaces de ahuyentar al demonio, también son tipos malignes capaces de hacer daño a los mortales, de hechizarles y hacerles brujerías.

Estas creencias son similares a las que me han referido los indios chocóes y cunas de sus respectivos chamanes, aunque todos parecen estar de acuerdo que los poderes de sus brujee han venido a menos, ya que hoy no existen como antiguamente quienes sean capaces de hacer milagros, ahuyentar tormentas, o hacer llover.

Por lo que hasta ahora hemos podido ver, las actitudes histéricas y a veces francamente psicopáticas de estos chamanes, parecen como antes apuntamos ser la consecuencia y no la causa del chamanismo, quizás debido al esfuerzo que han debido realizar para aprender tantas fatigosas historias de memoria, todo unido a una especial actitud inconsciente o consciente del brujo con la que trata de impresionar a sus crédulos clientes y mantener así su superioridad constantemente sobre la tribu.

Se ha escrito mucho sobre la selección o reclutamiento chamánico, pero nuestra experiencia, al menos en el Istmo de Panamá, nos indica que la pretendida creencia de que para ser chamán o brujo de una tribu indígena se busca a quienes tienen una especial predisposición psicopática o nerviosa e incluso epiléptica, no tiene nada de cierto. Sería materialmente imposible que un psicópata o un enfermo de esta clase fuera capaz de aprenderse las extensísimas tradiciones que en forma constante manejan estos individuos.

Más bien creo que el desorden mental pueda presentarse como consecuencia del exceso de tensión y trabajo mental que lleva consigo el aprendizaje de las largas y difíciles tradiciones que han de confiar a la memoria.

Y sabemos el trabajo que supone para un indio, ya que supone a veces 14 o más años de estudio constante.

Los cunas mismos me han referido que cuando están estudiando, los neles tienen que tener mucho cuidado y darse ciertos baños para frenar el desarrollo de su inteligencia "pues pueden volverse locos".

Es decir entre los indios saben muy bien que el exceso de aprendizaje puede llegar a alterarles el sistema nervioso.

Por eso, siempre que veo un nele, o jaybaná o donkin lo trato con la delicadeza máxima, como si fuera material frágil.

Los sukias son temidos por los guaymíes, como lo son los neles por los indios cunas y los jaybanáes por los indios chocóes.

Tanto era así que antiguamente a los neles cunas cuando morían se les sacaban los ojos al cadáver, pues se tenía la creencia que aún después de muertos sus ojos, su mirada podía hacer daño.

Es indudable que el sukia o donkin llega a adquirir grandes conocimientos en botánica, sabiendo seleccionar la gran variedad de remedies terapéuticos que la naturaleza, pródiga, en esta región pone en sus manos.

Aseguran mis informantes indios que los sukias son capaces de curar la locura con gran facilidad, así como las picaduras de culebra, siendo sus medios terapéuticos, canciones especiales en la misteriosa lengua de los elegidos, incomprensibles para los profanos, dietas muy severas, aislamiento del paciente y diversos remedios vegetales.

Si el enfermo no se cura el sukia no percibe honorarios por su trabajo, pero si se restablece, entonces recibe regalos en especies proporcionales a la riqueza o los medios económicos de la familia del paciente.

En toda la región del Cricamola hay cuatro sukias o donkin de las que podríamos decir de primera fila, muy famosos por sus curaciones, y en ellos tienen los indios, gran fé.

Son ellos: KIBO, el más viejo y más sabio de todas que vive en Cuibita o "terno de la gallina", un lugar apartado de las montañas de Cricamola; TOTI, que es otro gran sukia que vive en el río Jalí, afluente del río Manandí; MALETUBO es otro de los viejos sukias de la región que vive en el Cerro Mutari o "cerro del puerco", y por último IRA BODEGO que vive en Puerto 2, también muy conocido por sus excelentes curaciones.

Existen otros sukias menores, pero menos famosos y a los que la gente acude sólo para cosas de poca importancia.

El sukia está dotado de un poder sobrenatural congénito por el que es capaz de llamar, convocar y conversar con el diablo, cosa que solamente hace en ciertas épocas del año, por ejemplo cuando hay luna llena.

Cuando le llevan a un enfermo grave, porque eso sí, el sukia no hace visitas a domicilio sino que hay que llevarle al paciente, en hamaca o como sea, hasta su apartada vivienda, en el centro de la selva o en un risco de la montaña, hace colocar al enfermo en una chocita donde nadie haya vivido, casi siempre construida expresamente para el caso.

La chocita ha de tener cuatro puertas y cuatro caminos que van a parar cada uno a una de ellas.

El techo es de hojas de palma de las que hay muy diversas especies.

Fuera de la casa como a unos diez metros de ella se plantan cuatro cruces, una en cada camino, hechas de madera de balso (Ochroma lagopus L.), y arcos de caña silvestre o caña brava de Castilla (Arundo donax L.) cuya misión es rechazar al demonio.

En la casa así construida quedará absolutamente sólo el enfermo, no pudiendo verle nadie desde el momento en que entra, excepto el sukia.

En las cuatro puntos cardinales se queman nidos de hormigas, hojas secas, bejucos y pimienta con el objeto de ahumar a los demonios.

El sukia anuncia inmediatamente un "velorio" (guetó), y los

Familiares y amigos que acompañaron al enfermo se mantienen a partir de aquel momento lejos de la choza en vigilia constante no pudiendo dormir por espacio de cinco días durante los cuales acompañarán espiritualmente al sukia quien durante todo este tiempo practica un ayuno (boiene) consistiendo su alimento en unas tazas de una infusión de cacao (Theobroma cacao L.) (Kuoa) preparado en una forma secreta por él mismo (mobecró).

Para evitar que se duerman los acompañantes les coloca de tiempo en tiempo unas gotas de cierta hierba en infusión en los ojos, lo que los mantendrá despiertos, ya que los que no son sukias no pueden tomar la bebida del hechicero que solo él puede emplear para mantenerse despierto.

El ayuno del sukia incluye la abstinencia sexual.

Dicen los indios que si alguien bebiese el especial cacao del donkin podría volverse loco o morir.

A los cinco días el espíritu maligno queda atrapado en alguna de las trampas colocadas en las cuatro puertas, consistentes en lazos hechos de bejucos, y entonces el sukia puede interrogarlo con tranquilidad averiguando así si se trata de una enfermedad natural en cuyo caso utlizaría remedios naturales (kroko).

Pero todas las enfermedades no son naturales, ya que hay algunas que dependen del capricho de alguno de los demonios que mencionamos anteriormente o de una brujería (elenkan).

En estos casos el sukia pondrá un plazo después del cual el paciente quedará curado o bien dirá que para tal o cual fecha habrá muerto pues el demonio no quiere dejarlo vivir.

En estos últimos casos el enfermo sospechó lo que le pasaba por haber tenido un sueño (kobore) o mejor dicha un mal sueño (kobotiké) cosa que entre los guaymíes considérase como anuncio de muerte.

En otras ocasiones cuando una persona enferma o una mujer gestante sueña con otro Indio y lo ve en sueños, aseguran que esa persona es la responsable de la enfermedad, que le ha hecho una brujería o hechicería (dain), y a veces esto es suficiente para producir incluso la muerte del enfermo, tal es la obsesión que se apodera de ellos.

En todos los casos el donkin somete a rigurosas dietas al enfermo encerrado en la chocita (ju).

La comida es preparada bajo su dirección y según sus Instrucciones: si el paciente es un hombre, por un hombre y si es mujer será otra mujer la encargada de prepararla.

Si se trata de un niño, otro niño del mismo sexo ha de prepararle la comida.

Aseguran los Indios que esto tiene que ser así pues a veces el demonio está en el sexo opuesto al del paciente.

El enfermo, aislado, recibe la comida por encima de la cerca que rodea a la casa, pero será el mismo sukia o alguno de sus ayudantes o discípulos el que dará de comer al enfermo.

Para curar la locura usan los sukias las plumas del gallinazo o zopilote (Coragyps atratus), porque según la tradición guaymí es el gallinazo y su molesto olor el culpable o causante de la locura precisamente.

Cuando alguien está enajenado el sukia observa el vuelo y las evoluciones de los gallinazos en torno a una carroña colocada en un claro de la selva.

Según vuelan girando hacia la derecha o hacia la izquierda así será la forma que empleará para curar al enfermo.

Hay sinnúmero de remedios vegetales usados por los sukias, tales como la llamada miréra, o planta cuyo jugo de propiedades colagogas y coleréticas sirve para curar les trastornos biliares y hepáticos muy comunes entre ellos.

El botoki es otro vegetal usado como emético muy eficaz en indigestiones e intoxicaciones, el botokri, la chambra o caña-fístula (Cassia grandis L.) purgante y emenagogo, y otros muchos.

Con mucha frecuencia sufren de llagas en la piel (leishmaniasis cutánea) y las llaman chiri.

La palabra ki, quiere decir montón, cantidad, muro y denota un signo de plural a veces.

Sugerimos que la combinación de ambas voces: chiri y ki, (Chiriquí, nombre de la provincia panameña) podría significar algo así como muchas úlceras o gente con úlceras o llagas.

Y realmente se sabe que ha sido enfermedad muy frecuente la leishmaniasis en este área desde les tiempos prehispánicos, y posteriormente también, y en la época actual no hay más que darse una vuelta por estas regiones para ver la cantidad de gente plagada, llagada, con úlceras vivas o con cicatrices en regiones expuestas al aire como la cara y los brazos de haberla padecido.

Claro que esta etimología no es más que una suposición nuestra.

(Ver la obra completa sobre los indios guaimíes:

José Manuel Reverte Coma: "El indio guaimí de Río Cricamola", (Ediciones "El Panamá América", 1 963)