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Reconstrucción de la fisionomía de la cara

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La finalidad fundamental de la antropología forense es la identificación de la personalidad de un sujeto desconocido del que tan sólo quedan restos esqueléticos. La reconstrucción de las partes blandas del cráneo como medio de identificación es objetivo importante dentro de todo el conjunto de técnicas utilizadas para lograr éste. Un cráneo puede no sólo permitirnos determinar el sexo, la edad, la raza del sujeto desconocido, permitiéndonos llegar así a la identificación individual por medio de los datos que nos proporciona, sino también podemos llegar a obtener de él la fisionomía o fisonomía * aproximada que tuvo el sujeto en vida ya que el hueso es algo así como la matriz sobre lo que se moldean las partes blandas. Todo cráneo seco tiene su propia fisionomía, pero además nos permite deducir la que tenía el sujeto en vida cuando estaba recubierto por músculos, grasa y piel. El antecedente del trabajo de reconstrucción de las partes blandas lo podemos encontrar en el retrato robot que demuestra la importancia de los detalles faciales para reconocer la cara humana. Se basa en la utilización de equipos o kits usados por la policía hoy día para establecer cómo era la cara del sujeto a partir de la descripción verbal de uno o varios testigos oculares.

Hay diversos equipos: el identikit, el múltiple image maker, Identification compositor, el Photo-kit, que permiten obtener el retrato-robot.

El Identikit fue desarrollado por Hugh C. McDonald de la Oficina del Sheriff de Los Angeles en California. Observando cientos de caras, pudo reducir cada rasgo a un número de tipos con los que poder trabajar. Fueron dibujados sobre planchas de plástico transparente. No hay más que ir seleccionando aquel rasgo que es más adecuado a la descripción del testigo. En el kit hay más de 570 hojas codificadas, clasificadas por rasgos. Hay doce grupos de hojas clasificadas: unas dedicadas a arrugas, a barbas, a mostachos, a cejas, ojos, formas de pómulos, color facial, gafas, pelo, labios, nariz, cicatrices, adornos de cabeza, formas de la cabeza, de la barbilla.

El testigo va describiendo cada rasgo mientras el operador localiza la hoja que mejor refleje la descripción de aquella parte de la cara. Cada uno debe ser aprobado o confirmado por el testigo. Una vez completa se le da a la policía para su reproducción, envío a periódicos, estaciones de televisión. Aunque los detalles son muy importantes para la identificación de la cara humana, será ésta en su conjunto lo que es más significativo para el reconocimiento de un rostro en especial. El problema de la identificación por este medio se le plantea al antropólogo forense bajo varios aspectos:

1. Comparar el cráneo con retratos del supuesto desaparecido.

2. Comparar el cráneo con fotografías del supuesto desaparecido.

3. Reconstrucción plástica de las partes blandas de la cara sobre o a partir del cráneo utilizándolo como núcleo, patrón, matriz o base sobre la cual realizar el trabajo (técnicas bidimensionales y tridimensionales).

4. Reconstrucción a partir de radiografías del cráneo.

1. COMPARACIÓN DEL CRÁNEO CON RETRATOS

1.(CUADROS, PINTURAS)

El primero que utilizó este tipo de técnicas fue H. WELCKER en 1867 al estudiar el supuesto cráneo de Dante Alighieri, el autor de la Divina Comedia. Comparó las medidas del cráneo con las dimensiones de la máscara mortuoria de Dante realizada por Torregiani. WELCKER más tarde, en 1880, comparó los supuestos cráneos del filósofo Kant y de Schiller con los dos bustos existentes de éstos. No llegó a conclusiones precisas. En 1884 el mismo WELCKER comparó el supuesto cráneo del pintor Rafael con los retratos existentes del mismo.

HIS hizo igual con el supuesto cráneo del músico Bach en 1895.

VIRCHOW en 1905 y 1914 sugirió reproducir la mitad del rostro, pero esto tiene poco valor en antropología forense. La Escuela biométrica de Londres ha hecho estudios sobre el cráneo de Sir Thomas Browne (TILDESLEY, 1923), PEARSON lo hizo con el cráneo de Robert the Bruce, rey de Escocia, en 1924 y en 1926 con los cráneos de George Buchanan y Jeremy Bentham. REID en 1926 también lo ensayó con los cráneos de St. Magnus y St. Rognvald. PEARSON en 1928 con el cráneo de Lord Darnley y PEARSON y MORANT con el cráneo de Cromwell en 1934.

Fueron utilizados retratos, bustos y miniaturas hechas en vida de aquellos personajes históricos y con máscaras tomadas después de su muerte.

Uno de los mayores inconvenientes hallados a todos estos estudios es que los pintores que retrataron o los escultores que modelaron el busto del personaje estudiado, solían ocultar los ´defectosª de su modelo y lo idealizaban, adulaban y naturalmente alteraban algunos de los rasgos con los que no estaba totalmente feliz el personaje retratado.

Sir Thomas Browne por ejemplo, estudiado por TILDESLEY, tenía una frente baja, no representada en los cuadros artísticos que le pintaron. A veces el mismo sujeto indicaba al artista que disimulase tal o cual rasgo que no le agradaba y a veces era el mismo artista como dijimos quien no lo veía o no lo quería ver.

Otra dificultad es la orientación dada al modelo en el retrato.

PEARSON logró demostrar que la cabeza representada de Cromwell era real gracias a la prueba de superposición utilizando numerosos retratos, miniaturas, grabados, máscaras y bustos.

HENSCHEN en 1960 hizo un estudio similar con el supuesto cráneo del escritor sueco Emmanuel Swedenborg.

La primera vez que este método fue empleado en Estados Unidos fue en el caso de John Paul Jones, el famoso marino de la Independencia de las provincias inglesas para formar los Estados Unidos, cuyo cuerpo estaba en excelente estado de conservación cuando fue exhumado en París cerca de 100 años después de su muerte ocurrida en 1792. Trasladado a Estados Unidos, el cuerpo fue autopsiado realizándose una comparación visual de su cabeza momificada con un busto suyo esculpido por Houdon. Se consideró que la prueba era positiva y que ambos coincidían.

2. COMPARACIÓN DEL CRÁNEO CON FOTOGRAFÍAS

Al comparar una fotografía con un cráneo no tenemos el inconveniente de la desfiguración ideal que sucede en el retrato pero sí la orientación de la fotografía que no suele ser en norma anterior perfecta o en norma lateral sino oblicua y además en posiciones de la cabeza no convencionales. Por ello es difícil que examinando el cráneo pueda decirse que la fotografía que se nos muestra corresponda a aquel cráneo cuando tenía vida. Así pues, la superposición es indispensable, pero requiere la misma orientación de la fotografía y el cráneo. Para ello hay que fotografiar o dibujar el cráneo, su perfil y líneas más sobresalientes, tales como órbitas, arco zigomático, pómulo o pómulos, arcada dentaria, borde mandibular, mandíbula, meato auditivo, arcos superciliares, relieve y forma de los huesos nasales, nasion, glabela, etc., forma del cráneo, perímetro y líneas donde apoyarse para cotejar con la fotografía. La superposición de fotografía y dibujo o foto del cráneo será posible utilizando material transparente (plástico) sobre una pantalla luminosa.

Otro detalle importante es ampliar la fotografía a la misma escala que el cráneo. A veces se parte para estas comparaciones de una fotografía tamaño carnet.

3. RECONSTRUCCIÓN DE LAS PARTES BLANDAS DE LA CARA TOMANDO COMO BASE O MATRIZ EL CRÁNEO

Pueden utilizarse técnicas bidimensionales y tridimensionales.

Esencialmente el método es el mismo siendo la diferencia que mientras en las técnicas tridimensionales, la cabeza es modelada sobre el

cráneo con arcilla o plastilina, en la técnica bidimensional, la cara es dibujada sobre un perímetro del cráneo (en vistas frontales o laterales). Ambas técnicas utilizan el espesor de las partes blandas faciales, que varía en las distintas regiones del neurocráneo y el esplacnocráneo. Pero en ambos el perímetro o superficie ósea sirve de guía o base para la reproducción de los tejidos blandos. Además, servirán de guía para añadir los detalles faciales o rasgos individuales en los lugares adecuados. El primer trabajo documental del método de reproducción facial bidimensional se debe al artista J. T. Murray al que se pidió hiciera dibujos de la cara del cráneo del obispo James Kennedy. Aunque los dibujos resultantes eran estéticamente satisfactorios no había semejanza con el auténtico rostro del obispo.

El método bidimensional tiene sus ventajas sobre el tridimensional. Es más rápido, más fácil de llevar a cabo, los cambios y retoques pueden hacerse simplemente utilizando un lápiz y una goma de borrar y es más económico.

El método tridimensional es más lento, requiere una habilidad artística propia de un escultor, los retoques son más complicados y es más caro.

El método bidimensional puede realizarse también utilizando un analizador de formas, con pantalla selectiva. Es una técnica más sofisticada y costosa, dado el elevado precio del aparato, pero se pueden obtener buenos perfiles que se pueden modificar tantas veces como se desee y el producto final sale mecánicamente por medio de la impresora.

Para realizar la reproducción bidimensional, si no se dispone del costoso analizador de formas-computerizado, hace falta practicar una o varias fotografías del cráneo de tamaño natural, de frente (norma anterior o facial) o de lado o perfil (norma lateral derecha o izquierda). Se puede emplear también un proyector de transparencias o diapositivas con lente zum. El Dr. ÁNGEL, nuestro maestro en la Smithsonian Institution, acostumbraba a proyectar la fotografía del cráneo sobre un papel blanco, comprobando la escala de la ampliación.

Luego hacía un dibujo de los límites o perímetro, uno para cada vista. Después sobre el dibujo, iba añadiendo los tejidos blandos faciales

y detalles directamente sobre los bordes o límites del dibujo. Muy experta en este trabajo era la Dra. Caldwell que fue su ayudante por varios años y quien hizo su tesis doctoral sobre esta técnica y me enseñó cómo practicarla.

El dibujo obtenido de esta manera era enviado a los periódicos con una descripción de los rasgos generales del individuo obtenidos a partir del resto del esqueleto, estatura, sexo, peculiaridades del mismo como fracturas, operaciones, prótesis, pérdidas dentarias, trabajos de ortodoncia, etc. Además de la evidencia no biológica como vestidos, joyas, reloj, etc. Dando difusión amplia como puede hacer la prensa diaria a estos datos e información, puede llegar a manos de alguien que recuerde alguno de los rasgos y pueda llegarse así a la identificación.

Otra forma de llevar a cabo esta técnica bidimensional es buscando la colaboración de un buen artista, pintor o dibujante. El artista se sienta ante el cráneo que se pretende identificar y hace una pintura, o un dibujo de éste lo más preciso posible añadiendo las partes blandas con la única información que le da el antropólogo de sexo, edad y raza del desconocido. El espesor de las partes blandas es sólo una conjetura. Todo lo demás como proporciones faciales, detalles de los rasgos, cantidad y disposición del cabello debe hacerse subjetivamente por el artista con el mínimo de ayuda de los huesos. Especial dificultad ofrecen varios puntos de la cabeza como son la forma de la punta y el ángulo de la nariz, la oreja, los labios y el mentón.

Pocos artistas se entrenaron para llevar a cabo este trabajo. Otra gran dificultad es colocar el eje del ojo en su órbita correspondiente y la relación entre los labios, abertura bucal y dentadura. Para comprender la dificultad de esta técnica basta pensar en la dificultad que cualquier artista tiene para representar o reproducir con fidelidad todos estos rasgos de la cara y la cabeza aun teniendo delante el modelo vivo, como nos decía T. D. STEWART que ha sido durante muchos años Director del Departamento de Antropología de la Smithsonian Institution de Washington y hoy Profesor Emeritus de la misma.

MÉTODO TRIDIMENSIONAL

Muchos antropólogos forenses se han inclinado más por el uso de los métodos tridimensionales de reconstrucción de las partes blandas, mejor que por el método bidimensional a causa del mayor control que puede tenerse sobre el espesor de las partes blandas.

WELCKER (1883), HIS (1895) y KOLLMAN (1898) fueron los primeros en utilizar el método tridimensional sobre una base científica estableciendo espesores standard en determinados puntos de la cara.

Posteriormente VIRCHOW en 1905 y 1914 preconizó la restauración de la mitad del cráneo como ya dijimos, pero sin aplicación a la antropología forense donde no es útil.

Los métodos utilizados para determinar la profundidad o espesor de las partes blandas de la cara han sido distintos. Todos consistían en medir espesores tanto en varones como en mujeres y establecer unas tablas que pudieran utilizarse para la reconstrucción. Generalmente se utilizaron instrumentos penetrantes, puntiagudos. Dos escuelas distintas han contribuido al desarrollo de este método tridimensional de reproducción de las partes blandas: la Escuela germano-angloamericana y la Escuela rusa.

TRABAJOS DE LA ESCUELA GERMANO-ANGLOAMERICANA

H. WELCKER fue el primero que ya en el año 1883 utilizó las medidas del espesor de las partes blandas al estudiar los cráneos de Schiller y Rafael.

Para hallar dichos espesores utilizó una hoja de cuchillo de dos bordes. Introdujo el instrumento en 9 partes diferentes de la cara de 13 cadáveres alemanes varones. Cuando la punta del cuchillo tocaba hueso, medía la parte que había penetrado estableciendo así la pro-fundidad en cada punto.

W. HIS es el segundo investigador que obtiene datos del espesor de las partes blandas de la cara para utilizarlos en reproducciones fa ciales tridimensionales, especialmente durante su estudio del cráneo de Juan Sebastián Bach en 1895.

Estas mediciones son muy variables ya que es natural que en una persona adelgazada por una enfermedad consuntiva, las partes blandas tengan menor espesor que en una persona bien nutrida. HIS utilizaba para sus mediciones una aguja puntiaguda que tenía atravesado un disco de concha que se desplazaba actuando como tope. Al retirar la aguja, se medía desde la punta, la distancia a que había quedado el disco y esto daba la medida del espesor.

A HIS le sigue KOLLMAN quien en 1898 utiliza un procedimiento parecido, pero la aguja, en lugar de ir unida al disco de concha, la ennegrecía cada vez que la clavaba en los tejidos con humo de una vela. La zona blanqueada, al retirarla, le daba la medida de la profundidad hasta la que había penetrado.

El japonés SUZUKI en 1948 utilizó esta técnica con fines forenses y en 1973 reprodujo las partes blandas del cráneo de un sujeto desconocido. Fotografías de su reconstrucción fueron publicadas en los periódicos y al poco tiempo se logró la identificación, siendo capturado el asesino.

J. S. RHINE y H. P. CAMPBELL en 1980 presentan un estudio realizado en partes blandas de la cara en negros y blancos de Estados Unidos.

La técnica para medir el espesor de las partes blandas siempre había utilizado instrumentos puntiagudos que se introducían a través de los tejidos de cadáveres, pero recientemente algunos investigadores han comenzado a utilizar un aparato de ultrasonido en sujetos vivos lo que es una gran ventaja por el mayor número de mediciones que se pueden hacer y porque la técnica no es cruenta. Sólo tiene el inconveniente del alto precio del aparato de ultrasonido.

A pesar de la aparentemente mayor exactitud del método, siempre tenemos el mismo problema de la situación, implantación y tamaño de las orejas, de la punta de la nariz, los labios y la barbilla y especialmente la imposibilidad de dar una ´expresiónª al rostro que reconstruimos, o al menos la verdadera expresión que tenía el sujeto en vida. Sin embargo no es indispensable para llegar a la identificación. En los museos se suelen ver reproducciones tridimensionales de la cabeza, rostro y cuerpo incluso que debieron tener los Neanderthales, Cromagnones y Pitecántropos, etc. Son reconstrucciones ideales naturalmente, para situar al visitante en el ambiente de aquellas épocas. La técnica tridimensional, una vez tenemos las tablas de medidas con los espesores de cada punto, puede llevarse a cabo pegando marcadores en los puntos a que hacen referencia las tablas con el espesor conocido. Luego se conectan estos puntos por medio de tiras de plastilina o arcilla. Después no hay más que rellenar los huecos e ir alisando el conjunto. El resultado permite ver cubierto el cráneo por el equivalente de las partes blandas en arcilla o plastilina. Otra forma que se ha utilizado es reproducir los músculos faciales e ir pegándolos al cráneo haciéndolos coincidir con sus inserciones en el hueso. Después se cubren siguiendo el espesor que señalan los mencionados indicadores de profundidad en cada punto.

TRABAJOS DE LA ESCUELA RUSA 

M. M. GERASIMOV fue el iniciador en Rusia de los métodos de reconstrucción de las partes blandas, siguiendo técnicas algo distintas a las de la Escuela germano-angloamericana, pero la finalidad es la misma y los resultados parecidos.

GERASIMOV prefería utilizar la técnica de reproducir los músculos faciales, comenzando por los de la masticación, observando la fortaleza y desarrollo de sus inserciones como una guía para reproducir su tamaño y forma. Luego añadía los detalles de los rasgos faciales (ojos, orejas, nariz, boca) con la misma dificultad de subjetividad de siempre en estos órganos.

Utilizando unas tablas de espesores previamente elaboradas en cadáveres, colocaba los indicadores de espesor e iba rellenando la cara, modelando con arcilla el conjunto sometiéndose a los espesores dados por la tabla.

Si conseguía recuperar cabellos del cadáver, reproducía éstos y los colocaba sobre el cráneo. Utilizó la técnica con fines forenses, así como para reproducir el rostro de ciudadanos famosos y el de cráneos fósiles. Después de la desaparición de GERASIMOV, ha continuado su labor la Dra. G. LEBEDINSKAYA en el Laboratorio de Reconstrucciones plásticas del Instituto de Etnografía de Moscú que dirige. Utilizan un aparato de ultrasonidos para determinar espesores y preparar tablas de los distintos grupos étnicos que conforman el país.

4. RECONSTRUCCIÓN A PARTIR DE RADIOGRAFÍAS DEL CRÁNEO

Las radiografías laterales del cráneo pueden ser utilizadas para la identificación como las ántero-posteriores. SASSOUNI (1955) desarrolló una técnica de análisis individual empleando cuatro planos básicos de referencia, especialmente en cráneos fragmentados, sin dientes maxilares ni mandíbula. Para realizar la reconstrucción toma una radiografía de la parte encontrada de cráneo en proyecciones ántero-posteriores y laterales. Luego sobre las placas traza los planos que señala en su trabajo, lo que permite reconstruir la parte que falta y aunque el procedimiento no es 100% exacto, ni seguro, es lo suficiente para aproximarse a la forma original.

Desde el retrato-robot de la restauración de las partes blandas de la cara hay como vemos por lo expuesto toda una serie de métodos que permiten al antropólogo forense acercarse a la figura que tenía el sujeto desconocido a partir de los huesos del cráneo tomándolo como base o matriz para llegar a la identificación, meta fundamental de esta especialidad de la medicina legal.